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50 años después, Paco Ibáñez sigue emocionando teatros enteros con sus canciones

Actualizado: 8 jun 2023


comparación 50 años después
a la izquierda, en el Olympia en 1969; a la derecha, en el Teatro Calderón en 2022

la voz de un joven con su guitarra impregnó el teatro Olympia hace poco más de 50 años, y aún a día de hoy Paco Ibáñez sigue estremeciendo al público con sus conciertos. Desde París a Madrid, desde Barcelona a Valladolid, el artista canta los textos de aclamados poetas en su reciente gira.


unos suaves acordes, que dan melodía a los versos de Blas de Otero, 'Nos queda la palabra', que da nombre al recorrido que Ibáñez ha hecho por España y otros emblemáticos lugares de su carrera. un poema dedicado al precio de la libertad, una canción cantada con un susurro firme y suave.



'me queda la palabra'

Si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré, como un anillo, al agua, si he perdido la voz en la maleza, me queda la palabra.


Si he sufrido la sed, el hambre, todo lo que era mío y resultó ser nada, si he segado las sombras en silencio, me queda la palabra.


Si abrí los labios para ver el rostro puro y terrible de mi patria, si abrí los labios hasta desgarrármelos, me

queda la palabra.



Paco Ibáñez nació en 1934, un par de años antes de que estallara la Guerra Civil que culminaría con el franquismo durante las siguientes décadas. en aquellos tiempos difíciles, con su padre en prisión por ser republicano y una madre que mantenía a sus hijos a punta de alfiler, Paco vive su infancia en el campo; antes de reunirse con su familia en la región parisina donde sus padres se conocieron.


Ibáñez nos enseña muestra su humanidad, sus recuerdos, su historia. no solo es su música, son sus palabras, su trato y su forma de ser. y a través de 'Es amarga la verdad' de Quevedo refleja como fue el período de la posguerra. el hambre, la pobreza y la miseria que vivieron los españoles en los primeros años del franquismo.


aprendió en Francia de su padre el oficio de ebanista, y cambió un violín por la guitarra, un arma fiera en tiempos donde cantar estaba prohibido. de madre vasca y padre valenciano, enaltece la riqueza lingüística del vasco que bebió desde niño. que él, cuando dice 'madre', describe; y cuando dice 'ama', recuerda, siente y se conjugan en su alma la emoción y el pensamiento.


más aún, no sólo usa la palabra en euskera o castellano, sino también en gallego y en catalán. con su música, retorna a sus raíces, contando su historia, y dando voz a todos a quienes se le prohibió hablar su propia lengua. un homenaje a todas las palabras que durante mucho tiempo no podían ser pronunciadas o estudiadas.


para Ibáñez, la patria es la canción; la capital del mundo, melodía; y el poema, la pureza de la palabra que nos queda. una suave armonía que inunda de sentidos de una intencionalidad: un tributo a lo que hemos perdido: el arte, la poesía, el entendimiento de una vida mucho más allá de lo que tenemos ahora. un verso que nos lleva a nuestra propia historia, esa que hemos olvidado un poco.


'la poesía es un arma cargada de futuro'

Poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día, como el aire que exigimos trece veces por minuto, para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir que somos quien somos, nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. Estamos tocando el fondo.




cuando vivía en París, y en sus primeros años como artista, conoce a Georges Brassens en el Olympia, cuyos versos cantaría traducidos al castellano por Pierre Pascal. En el teatro Olympia de París hará su gran debut en 1969. versionando a Góngora, a Lorca y encuentra su camino en la música. también allí entonará 'Un español habla de su tierra', de Luis Cernuda, que conseguirá gran reconocimiento. éste fue uno de los poemas-canción más crudo y querido de Ibáñez.


las canciones del artista siempre fueron sometidas a un control muy estricto, especialmente ésta última. sin embargo, en 1969, la censura le permitió tocar todas sus canciones, incluso las más polémicas. frente a Alberti, Blas de Otero o Gloria Fuertes, Ibáñez cantará 'Un español habla de su tierra'; estos versos cuentan la crudeza, la incertidumbre y el miedo de la la guerra.


'un español habla de su tierra'

Las playas parameras al rubio sol durmiendo. Los oteros, las vegas, en paz, a solas lejos.

Los castillos ermitas, cortijos y conventos la vida con la historia tan dulces al recuerdo.

Ellos, los vencedores. Caines sempiternos, de todo me arrancaron me dejan el destierro.

Contigo sólo estaba, en ti sola creyendo. Pensar tu nombre ahora envenena mi sueño.

Amargos son los días de la vida viviendo, sólo una larga espera a fuerza de recuerdos.

Un día tú ya libre de la mentira de ellos, me buscarás entonces; ¿Qué ha de decir un muerto?



uno de los tributos más prolíficos que ha hecho el cantante ha sido a Federico García Lorca, fusilado durante el franquismo. con la voz de Paco Ibáñez hablando del exilio, de la muerte, y del deseo de libertad. la particular armonía con el llanto de una guitarra en un funeral anunciado, de lo que ahora sabemos, fue el destino de muchos libre pensadores y poetas.


una canción que pone los pelos de punta. Lorca volviendo por sus alas después muerto, quien sabe si el mismo sabía la aciaga hora en la que una bala terminaría sus versos cuando escribió estas frases.


Yo vuelvo por mis alas, dejadme volver. Quiero morirme siendo, siendo amanecer. Quiero morirme siendo, siendo ayer.


Yo vuelvo por mis alas, dejadme tornar. Quiero morirme siendo, siendo manantial. Quiero morirme fuera, fuera de la mar.

Paco Ibáñez durante su concierto en el Teatro Calderón
autor: Borja Sánchez

Ibáñez no solo canta a los poetas del norte, sino quenos traslada también a Andalucía con el poema cantado 'Andaluces de Jaén', uno de los más emotivos para el Olympia de 1969. una adaptación de 'Aceituneros' de Miguel Hernández, que narra la vida proletaria de los jornaleros andaluces, un canto que engrandece la naturaleza.

pero su radio no solo serán poetas franceses, vascos o castellanos, también serán los iberoamericanos protagonistas de algunas de sus obras. es el caso de 'Soldadito boliviano', ese poema de Nicolás Guillén al Che Guevara. aunque Ibáñez se ha posicionado contra el comunismo, el respeto que siente por quienes no se conformaron con vivir de rodillas le lleva a entonar estos versos. es más, el mensaje de no violencia que ofrece este poema, cala aún más con la voz del cantante, que cantó versos que evocaban deseo de paz y libertad.


Paco Ibáñez es sincero, natural, una imagen viva de la España que fue, la que es, y tal vez la que será. momentos de clamar el amor por la libertad, la patria, la muerte y la miseria. su música abarca tantos temas como la propia poesía: no solo narrar la historia más cruda, no solo los temas más tristes, sino la costumbre, el humor y la ternura que inspira un país desde los ojos inocentes de un niño, desde los ojos revolucionarios de un joven.


cuando en 1975 fallece Franco, muchos exiliados volvieron. no fue su caso, no queriendo ser portada, héroe, ni nada que no sea lo que es: su arte, sus recuerdos y su música. rechazó entrar en el juego de los políticos, de que le exhibieran como una voz de resistencia. tal es su animadversión a todo esto que cuando se le otorga la Medaille des Arts et des Lettres, la rechaza en 1983 y 1987.


en sus palabras: “Un artista tiene que ser libre en las ideas que pretende defender. A la primera concesión pierdes parte de tu libertad. La única autoridad que reconozco es la del público y el mejor premio son los aplausos que se lleva uno a casa”.


este es Paco Ibáñez, un vasco, un valenciano, un español, pero sobre todo, un músico fiel a sí mismo.


una figura que llenó el Olympia hace poco más de medio siglo. un hombre que sobrevivió a los exilios, a la censura, a la muerte de aquellos cuyos versos recita. como un retrato andante de ese arte 'prohibido', como un español que no olvida la historia y sobre todo, su verdad.


la de alguien que pensó lo que quiso, que ahora puede cantar, que sobre todo ve con una mirada perspicaz que mira y atiende. que no se hunde en un recuerdo, sino que traslada la experiencia que creíamos pasada a los tiempos que vivimos.


especial mención merece 'Palabras para Julia': una de las obras más aclamadas del cantautor junto con Goytisolo, un poeta catalán que dedica este poema a su esposa fallecida en un bombardeo franquista y que con el paso de los años, ha sido himno de las oprimidas.


Tú no puedes volver atrás porque la vida ya te empuja como un aullido interminable, interminable. Te sentirás acorralada te sentirás perdida o sola tal vez querrás no haber nacido, no haber nacido.

Pero tú siempre acuérdate de lo que un día yo escribí pensando en ti, pensando en ti como ahora pienso. La vida es bella ya verás como a pesar de los pesares tendrás amigos tendrás amor, tendrás amigos.

Nunca te entregues ni te apartes junto al camino nunca digas no puedo más y aquí me quedo, y aquí me quedo.





Paco Ibáñez dedica su vida a la música, a la poesía, a su realidad. Y así lo vio el mundo en el Olympia en 1969. Wiener, un compositor y pianista francés con una gran reputación en la música clásica y cinematográfica, expresó su emoción y sorpresa con este concierto:


“quién hubiese imaginado que una multitud increíble fuese a invadir el aforo del Olympia... todo ello por ese gran niño simple, relajado, quien después de ser acogido con un calor tal que sólo recuerdo haber visto en honor de Toscanini, de Chaplin, de Robeson o de Lindberg, se puso a cantar acompañado únicamente por su guitarra...”


53 años después, la historia se repitió un 3 de diciembre en el Teatro Calderón de Valladolid. mucho más mayor, con una melena plateada, el cantante de los poetas repitió su hazaña: llegar a alma de todos los espectadores. en un espacio en blanco, donde el silencio reinaba, dejando un lienzo sobre el que Paco pintó su música. sencillez, humildad, emoción. un concierto memorable de su gira 'Nos queda la palabra' frente a la crudeza de la realidad que vivimos no solo en España, sino en el mundo.

Paco saluda al público al final del concierto en el Teatro Calderón de Valladolid
autor: Borja Sánchez

nunca una voz fue más adecuada para entonar un verso libre.

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